Software de llantera: la prueba del sábado en Honduras
Cómo saber si un programa aguanta una llantera hondureña de verdad: la prueba del sábado, el CAI y el ISV en la factura, Tigo Money y el precio por medida.
Un sábado a mediodía se sabe todo. Ese es el día con el que hay que juzgar un programa, y no el martes tranquilo en que vino el vendedor a enseñarle pantallas bonitas con datos inventados.
El examen que importa
Tres carros afuera esperando turno. Uno adentro en el gato. El teléfono sonando por tercera vez. El muchacho que entró hace un mes no se acuerda de dónde quedó la 205/55R16 que llegó el jueves en el lote.
Ese es el examen.
Casi todos los sistemas que le van a ofrecer fueron pensados para una empresa con oficina, cajera y alguien encargado de la computadora. Usted no tiene nada de eso. Usted tiene un celular con la pantalla rayada, señal que se cae dos veces al día y dos personas que en ese momento ya están ocupadas montando.
Un programa que necesita calma para funcionar es un programa que no funciona.
Tres razones para decir que no
Antes de comparar funciones conviene decidir qué descalifica. Con tres reglas alcanza, y son de eliminación directa.
- Si hay que caminar a una computadora para saber si existe una medida, queda fuera.
- Si no deja salir el CAI y el ISV donde corresponde, queda fuera.
- Si la persona que lo va a usar necesita dos días de capacitación, queda fuera.
No se compensan entre ellas. Un programa precioso que exige computadora sigue descalificado aunque tenga el mejor reporte de utilidad que usted haya visto, y el vendedor le va a explicar con mucha paciencia por qué en su caso es diferente.
Contar sin caminar hasta el rack
Hágale al programa una pregunta incómoda en plena demostración: cuántas llantas usadas hay ahorita mismo, por medida. No al cierre de mes. Ahorita.
Si la única forma de contestar es caminar al rack, ese inventario está escrito pero no está vivo. Son dos estados distintos y solo uno sirve el día que hay fila.
Esa misma respuesta le arregla las compras. El llantero que sabe que la 185/70R14 se le va en cuatro días y que la 225/45R17 lleva siete meses parada negocia distinto el siguiente lote. El que no lo sabe compra lo que le ofrezcan y termina con un rack lleno de medidas que nadie pide. Si quiere ordenar eso antes de cambiar de sistema, el inventario de llantas nuevas y usadas explica la ficha mínima por pieza.
Dinero que entra por cuatro puertas
En Honduras el pago llega en efectivo, con tarjeta, por transferencia y por Tigo Money desde el celular del cliente mientras todavía se están apretando las tuercas. El dinero electrónico de las telefónicas lo supervisa la CNBS. Las comisiones y los topes se mueven, así que confírmelos con el operador antes de construir un precio encima de una cifra que oyó en el taller de al lado.
Ahora, la parte que se confunde siempre: cobrar y registrar no son la misma operación.
El cobro contesta cuánto entró. El registro contesta qué salió del rack, con qué medida, qué profundidad, qué DOT, a qué precio y a nombre de quién. Un taller que solo guarda lo primero no puede responderle nada al cliente que vuelve en marzo reclamando, ni responderse a sí mismo cuando quiera saber en qué medidas conviene meter el dinero.
CAI, ISV y el RTN que se pide en el momento
Dos cosas aquí no se improvisan.
El ISV va desglosado en línea aparte, nunca disuelto dentro de un total redondo. Y el CAI con su rango autorizado y su fecha límite tiene que salir impreso donde va. Esa autorización se tramita ante el SAR; el programa únicamente la imprime, y ningún vendedor de software puede prometerle otra cosa.
El RTN del cliente se pide en el mostrador, no por teléfono el miércoles siguiente. Parece un detalle de nada. A fin de mes, con cuarenta comprobantes encima, deja de parecerlo. Lo que debe traer el papel completo está en la guía del recibo y en la guía de cómo cobrar en la llantera.
Sábado de prueba, paso a paso
Ningún contrato de un año para probar algo. Un sábado alcanza, con el taller abierto y trabajando normal.
- Reciba un lote real y désele entrada completa, con rack y profundidad, sin ayuda del proveedor.
- Conteste tres llamadas de precio sin moverse del piso.
- Corte los datos del celular a media venta y vea qué sobrevive en pantalla.
- Cobre y entregue comprobante con CAI e ISV en las tres ventas siguientes.
- Al final del día pregúntele al muchacho nuevo cuántas veces tuvo que consultarle algo.
Esa última cuenta vale más que toda la demostración. Si el número es alto, el problema no es la persona.
Hay un campo que casi nadie mira y que cambia el día: el precio mínimo y máximo guardado por medida. Con ese rango adentro del sistema, quien está en el mostrador puede cerrar un regateo sin llamarlo a usted, y usted deja de perder ventas por andar en el banco a las tres de la tarde.
Conviene hacer el sábado de prueba dos veces, con dos programas distintos y con dos semanas de por medio, porque la primera vez uno anda pendiente del sistema y la segunda ya anda pendiente del taller, que es como se va a usar de verdad el resto del año. Anote los números en papel al terminar cada día. La memoria de un sábado se acomoda sola a favor de lo que uno ya quería comprar.
Una advertencia sobre las demostraciones. El vendedor va a traer un catálogo cargado con cien llantas inventadas, todas con medida limpia y foto bonita, y en ese escenario cualquier programa se ve bien. Pida usar el inventario suyo, con las medidas raras que le llegaron el mes pasado y con las dos piezas que nadie sabe de dónde salieron. Ahí es donde se ven las costuras.
Dónde encaja DuroBay
DuroBay cumple esta lista. Corre en el celular, está en español y en inglés, guarda profundidad, grado y procedencia de cada llanta usada, y saca el comprobante en el momento de cobrar. La foto del costado llena medida, marca y DOT sin teclear. Se empieza gratis; hoy es aplicación web y la de iPhone viene en camino.
No es la única del mercado. Úsela como vara para medir a las demás, igual que compararía dos desmontadoras antes de soltar el dinero. Y si algún día llega a cuatro sucursales con contabilidad centralizada, vuelva a hacer la cuenta desde cero: a ese tamaño la conversación es otra.
Preguntas frecuentes
¿Cómo pruebo un programa sin arriesgar el negocio?
Úselo un sábado completo, el día de más movimiento, con el taller trabajando normal. Un martes tranquilo no le dice nada porque todo funciona cuando nadie está esperando.
¿El programa tiene que imprimir la factura con CAI?
Tiene que dejarle registrar el CAI y el correlativo autorizado, y que salgan impresos donde van. La autorización se tramita en el SAR y ningún proveedor de software la sustituye.
¿Y si el internet se cae a media venta?
Esa es la prueba que casi nadie hace. Corte los datos del celular en plena demostración y vea qué queda en pantalla. Si se queda en blanco, ya sabe lo que le va a pasar un sábado.
¿Vale la pena para una llantera de dos bahías?
Vale si le devuelve tiempo de piso. Si le agrega pasos, no. El tamaño del taller no decide; lo decide si el celular reemplaza la caminata a la oficina.